domingo 28 de febrero de 2010
viernes 8 de enero de 2010
domingo 3 de enero de 2010
martes 17 de noviembre de 2009
Another girl, another face,
Another truck, another race,
I'm eating junk, feeling bad,
Another night, I'm going mad,
My woman's leaving, I feel sad,
But I just love the life I lead,
Another beer is what I need,
Another gig my ears bleed,
We Are The Road Crew
Another town I've left behind,
Another drink completely blind,
Another hotel I can't find,
Another backstage pass for you,
Another tube of super glue,
Another border to get through,
I'm driving like a maniac,
Driving way to hell and back,
Another room a case to pack,
We Are The Road Crew
Another hotel we can burn,
Another screw, another turn,
Another Europe map to learn,
Another truckstop on the way,
Another game that I can play,
Another word I learn to say,
Another blasted customs post,
Another bloody foreign coast,
Another set of scars to boast,
We Are The Road Crew
Ya estoy un poquito más cerca de la carretera.
martes 27 de octubre de 2009
miércoles 26 de agosto de 2009
El enterismo en 3 pasos
Aquí los cortos:
Esto ya no es lo que era:
http://www.youtube.com/watch?v=7e8w9HZgw9c&feature=PlayList&p=ABB9EF8CF4165D49&index=3
Eso es así:
http://www.youtube.com/watch?v=kyxjboYHvM8&feature=PlayList&p=ABB9EF8CF4165D49&index=2
Aquello era otra cosa:
http://www.youtube.com/watch?v=tU7LlBiBOic&feature=PlayList&p=ABB9EF8CF4165D49&index=1
Después de arrasar en internet, de una triunfal interpretación en directo de su tercer corto (en plena alameda, sentados en un contenedor, para que pudiera verlos todo el mundo que se quedó fuera en el estreno) y de 3 minicortos veraniegos (la gente en verano, que está amamoná) anuncian planes de rodar una película y hacerse escuchar en todas partes. Cualidades no les faltan, a ver si tienen suerte.
PD: me declaro completamente a favor del mojo picón en los serranitos. Que quede claro. Eso es así!
sábado 15 de agosto de 2009
Generation Kill
Un grupo de vehículos militares avanza por el desierto. Dentro de cada uno de ellos, se encuentra una pequeña familia disfuncional, unida por la camaradería y la violencia. Varios grupos de personas que forman una bestia descontrolada y confundida, un perro del diablo que recorre Mesopotamia dando palos de ciego y dejando tras de sí un único hecho inamovible, un rastro de destrucción y cadáveres. Son la primera división de reconocimiento del cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Son la generación asesina.
Cuando uno piensa en HBO y el género bélico, es imposible no recordar la espléndida “Hermanos de Sangre”. Pero David Simmons (creador de The Wire) no es Steven Spielberg; por lo que HBO y “género bélico” es lo único en común entre Generation Kill y las hazañas de la compañía Easy. Porque, donde teníamos los nostálgicos relatos de los supervivientes de heroicas campañas, las historias de chicos que se hacían hombres mientras pasaban hambre, frío, perdían amigos y avanzaban en una guerra total contra un enemigo letal y terrorífico, ahora tenemos el imparcial punto de vista de un reportero de una revista popular, rechazado por muchos de los soldados, sobre una panda de niñatos sin preparación ninguna, armados hasta los dientes a las órdenes de una inepta cadena de mando que no se preocupa en absoluto por lo que pueda pasarle a los marines ni mucho menos, a cualquier desgraciado con la mala suerte de cruzarse en su camino mientras buscan un enemigo que nunca es tal en una misión que nadie conoce realmente.
Y es que, si a alguien le va a importar la vida de éstos chicos, es a nosotros, que en las 7 horas de miniserie vamos a verlos conducir de poblado en poblado, vestidos de verde en pleno desierto, sin pilas para los equipos ni mantenimientos para las armas y sin la más remota idea de cual es su verdadera misión, más allá del McGuffin que representa Saddam, la liberación de Irak, la democracia, el béisbol y la tarta de manzana. Porque, si en algo se centra Generation Kill, más que en la masacre de civiles, en la poca preparación de los “Whiskey Tango”( white trash) que conforman la mayoría del ejército, o en las oscuras reales intenciones de la intervención americana en Irak, es en el descontrol de una jerarquía militar en la que cada uno mira para un lado y no para de suscitar momentos peligrosos, a veces divertidos, absurdos, y casi siempre, totalmente exentos de sentido común.
Un pueblo lleno de ancianos y niños es bombardeado ante la atónita mirada de los marines que observaban en inofensivo paraje y habían informado de la ausencia de enemigos. Un grupo de irakíes desnudos en la carretera dicen haber sido robados por los soldados de Saddam. Un marine de gatillo fácil dispara a unos camellos para divertirse y mata a un niño. Una bomba de humo para disuadir coches rebota donde no debe y acaba destrozando la cabeza a un anciano al que se suponía que iban a ayudar, ante el silencio y la aceptación del resto de civiles, que en palabras del imán “están acostumbrados a que los maltraten”. Generation Kill es una especie de road movie donde los soldados salen del punto A, pero nunca saben cual es el B hasta el mismo momento en que llegan, mientras asisten éste tipo de situaciones, generalmente impávidos y más preocupados por el aspecto de los bigotes del pelotón, recuperar una foto de su novia, coleccionar armas enemigas, o los rumores de muerte de Jennifer Lopez; un tema que parece importarles bastante.
Pero no todo es imbecilidad, pues uno de los puntos fuertes de GK es la colección de personajes, variados, complejos, y tan realistas que casi podremos reconocer a alguien en cada soldado. Sería mucho mencionar a todos, pero imposible no nombrar a Brad “Iceman” Colbert (Alexander Skarsgard, la mejor interpretación de la serie), un líder de equipo de la vieja escuela, que se considera un guerrero y que lo único que quiere es llegar a un combate real, Ray Persons, el conductor del Humvee en el que viajan Iceman y el reportero, un hiperactivo charlatán que siempre tiene la respuesta mordaz que la situación requiere, el “Capitán América” , otro líder de equipo que es todo lo opuesto a Colbert, incompetente, impulsivo, y causante de no pocos problemas, o el cabo James Trombley, un perfecto ejemplo de “redneck” que usa el ejército para satisfacer sus impulsos psicópatas. Todo esto bajo la atenta mirada de Evan Wright, que no participa demasiado pero no pierde detalle, y cuyos apuntes se convirtieron en el libro que inspiró la serie.
El aspecto técnico, como era de esperar viniendo de donde viene, es sobresaliente. Las actuaciones (en algunos casos, son los propios marines reales interpretándose a sí mismos) están todas a la altura, las escenas de acción , aunque no son muchas ni espectaculares en exceso, son nerviosas, y efectivas(y en casos como la emboscada del puente, sublimes), la música no existe si no contamos las escenas en las que los marines cantan mientras recorren alguna carretera y la ambientación perfecta, resaltando esos larguísimos caminos arenosos a través del desierto en el que los marines pueden encontrarse cualquier cosa que proporcionan un aspecto malsano, como viaje hacia la locura.
Porque eso es Generation Kill. Un viaje hacia la locura, la violencia, hacia las cabezas de unos jóvenes insensibilizados, contratados para brutalizar a la gente, un descenso al infierno de una invasión descarada y desorganizada, la impotencia de jugarse la vida para que alguien desde un sillón se gane una palmada en la espalda, y la rabia de que, al final, los inocentes se lleven la peor parte. Un viaje a los vergonzosos motivos de un ataque desproporcionado, una mal llamada guerra en la que sólo hay un ejército. Un viaje junto a unas personas que sólo se tienen a sí mismos. Un viaje en el que escucharéis una terriblemente lúcida reflexión que lo resume todo: “el que no es capaz de matar siempre será víctima del que sí lo es”, en boca de unos jóvenes que, en algunos casos, sólo pueden ocultarse bajo su propio mantra: “A nadie le importa una mierda”. Tomen asiento en su Humvee, el viaje va a empezar.

